El ingenio de la humanidad no tiene límites. En cierto momento nos dimos cuenta que una manera eficiente y cruel de acabar con nuestros enemigos era prendiéndolos en fuego. El problema era no encendernos a nosotros mismos en el proceso. ¿Qué hicimos? Inventar un aparato que lance flamas desde lejos. Oh, los avances de la tecnología.
Te quiero prender en llamas pero estás muy lejos.
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